Nos guardaron las maletas tanto a la entrada como a la salida. El hotel tiene mucho encanto, manteniendo la esencia que tendría hace 50 años. Todo muy limpio tanto sábanas, toallas, habitación... El servicio era genial y para lo que nos costó contaba con un desayuno muy cumpleto aunque lo mejor eran las vistas que se tenían de todo Oporto y Villa Nova de Gaia. Parada de bus enfrente y metro a 8 minutos, aunque tan sólo en 15 minutos andando estás en el centro, muy recomendable. Por poner un pero almahadas muy blandas y pequeñas.